lunes, 5 de octubre de 2015

A la hora que nos reencontramos

 Otra vez intento dormir, y no puedo, hasta apagué el celular, pero cierro los ojos para abrirlos después de contar hasta diez. Si intentara con la música pasaría de largo hasta mañana, por eso ni siquiera lo intento. 
 Siempre que intenté, nunca resultó bien. Si no mirame ahora, tengo unas ojeras que tienen vida propia, un insomnio, y una inconsciencia intranquila, o sólo una memoria inquieta. porque claro, nunca aprendí a olvidar de madrugada. 
 La culpa puede ser mía hasta cierto punto, pero sé que nunca te fuiste del todo como para llevarte la flor de raíz, si ése hubieses sido vos, probablemente no estaría siendo yo. Si los veranos de los diez de diciembre no me olvidaste, entonces, la primavera siempre estuvo cerca de Agosto. A diecinueve días, o a las tres de la mañana de un viernes, a cinco años, o a media hora de caminar de la mano, siempre estuvimos juntos, hasta en tus madrugadas, y hasta en mi almohada.