miércoles, 29 de julio de 2015

La misma de siempre.

Cuando era más chica solía escribir un diario. Lo dibujaba. Lo pintaba. Y escribía el nombre del chico que me gustaba en ése entonces en los márgenes. Fabulaba con tomar la leche, y jugar juntos toda una tarde. Que fuésemos a la plaza o a tomar un helado. En las noche cuando dormía pensaba en que iba a hacer mañana para que él me notase, siempre se me ocurría algo. 
No cambie, en absoluto. Sólo que terminé en un extremo del que no sé ahora como realmente salir. Sigo escribiendo un cuaderno, escribo su nombre, y fabulo todo el tiempo con verlo, pero por las noches los lapsos emocionales que sufro me dan vuelta el cuerpo. Se me planta en la sien y no deja de configurar escenas, que viví, pero también aquellas que no lo hice todavía. Soy consciente de todo, porque no me deja dormir, permanezco en vela, tratando de resolverme a mi misma como si fuese una especie de cubo rubik. Que nunca supe como armar.
Si estoy demasiado sola me asusto hasta yo misma de lo que puedo pensar, soy paranoica, una tipa que no deja de maquinar todo el tiempo. Insegura por sobre todas las cosas e inestable en su totalidad, no sé como calmarme y las palabras me colman la cabeza en una especie de zumbido que no para, nunca para. Hay días en los que realmente no sé que hacer conmigo, ni con las decisiones no tan buenas que suelo tomar.

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