miércoles, 21 de enero de 2015

admisible espontaneidad

El día no me acuerdo. La hora mucho menos. Pero recuerdo mucho más que eso. Lo más profundo de mi alma de ahí hablamos. De tus dedos en la piel de miel. Las caricias como nubes juntas. Las promesas en estrellas, testificaban lo puro que estaba este vinagre de amor.
Ahora estoy acá en un verano casi vacío, en un tren de gotas frías, en un vagón lejos de donde estaban todas mis promesas y también las tuyas.
Alguien vino, creo que mi pena se lo dijeron mis ojos, o mi voz, o su mismo inconsciente, por eso estuvo acá y sólo para darme un día de amor, un día en un colchón de risas, para decirme que  todo voy a recordarlo en un después, y que nos íbamos a reír juntos. Y desee entonces que no se vaya nunca de mi vida sin siquiera conocer años de su vida. Pero escribí que fue uno de los mejores días de mi vida. Sólo porque tengo una risa incontrolable por contar.
Su mirada clavada en las olas figuraron un retrato en mi cabeza para siempre. Su desconsuelo que creyó que no sabía estaba ahí, podía verlo tratando de envolverlo en otro tema, y yo solo trataba de envolverlo en el consuelo de mi alma.
Su amor, ni su vida se conectan con la mía, ni me pertenecen y eso lo hace mucho más importante, lo vuelve un hecho memorable por valorar, por darme unas horas de su vida para sentirme pegada, sin fisuras, sin pedirme nada. La sinceridad con la que puso lo más profundo de sí en sus palabras construyeron la base firme para deducir que sí había algo mal en él la vida no habría sido justa. Me contagia y me da un analgésico al corazón su risa alegre. Incluso sus chistes malos. Y su increíble cara durez. Su inocencia por sobre todas las cosas. Porque en èl florecen las buenas intenciones.  Entonces el iris de su alma floreció ante mi, la admiración hacia su persona me desborda desde entonces y le deseo el amor más puro que le puedan dar, que lo embriague el mismo y no el dolor, ni el olvido. Que la abrace tan fuerte que sus brazos sientan la dicha del oro, del arco iris más lindo del mundo y sea la vida en sus brazos.  Y que sonría en una ruta de amigos, amores y música. La que se que en él todo enciende. Que por sobre todas las cosas sea ella la que envuelva sus días, que enrolle los dedos en tu cabeza y que sean las personas más felices del mundo por estar hechos como un puzzle.

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