viernes, 19 de diciembre de 2014

Corazón de los diecisiete

Miras alrededor y no encontrás nada, me pasa. Pensás en algo para distraerte y nada te convence. No estás de mal humor, es más, queres ver a tus amigos, pero preferís dormir hoy. Cuando el mundo se te desploma en el piso probablemente sientas que tu vida se terminó. Podrías poner tu canción preferida pero no lo haces porque no es momento.
Nos pasa todo. Y no sé por qué. Pero sé que un corazón jóven es el más vulnerable de todos, también es el más sincero, puro y guerrero. Da todo lo que pueda dar. A veces no es suficiente, y nos culpamos de no satisfacer un cien por cien, somos como una especie de servicios, brindamos, brindamos, pero es mucho más que eso, tenemos ese chip de hacer sentir parte de nosotros al otro. Es mutuo. Recíproco. Pero no todos quieren permanecer ahí. Ni siquiera nosotros. 
Sentirnos incapaces de llenar ese espacio que buscamos ser es de las peores sensaciones universales, pero no te preocupes, estoy segura de que estoy acá. Y estoy segura que en algún momento también lo vas a estar acá. Hoy no. Mañana capaz. 
Más allá de sentir lo que sientas hoy, se que te vas a acordar de que te voy a decir que no dejes de creer en tus brazos, porque podes sostener el mundo, podes sostener a quién quieras, y yo quizás en algún momento te sostenga a vos. Espero hacerlo. Convertí lo amargo por rositas. Tomá té. Armate de paciencia. Yo lo hago por vos. Al final de ésto nos vamos a cruzar. Y me voy a acordar de decirte que yo tomé té. Que me arme de paciencia. Sólo porque confíe en que venía algo mejor. Vos.
Y te deseo mucha suerte en ésta clase de laberinto a la que le decimos adolescencia. Somos difíciles pero no imposibles.


jueves, 11 de diciembre de 2014

Factura del estanque

Caminé por un barrio al que nunca había visto, el día tenía unas pocas nubes, yo tenía un par de zapatillas, no había campera porque supuse que nada me iba a pasar, por lo que también dejé mi celular.
Pasé por una pequeña plaza, vi como miles de pétalos flotaban en un estanque de agua, ahí te vi. Ahí nos vi. Una mezcla de tristeza se apoderó de mi cuerpo, otra vez, me quito el aire, sentí como mis ojos se querían corromper. Miré al lado y me di cuenta que estaba sola, tal cual como me sentía. 
Volví a pensar en nosotros, y me pregunté si alguna vez habías pasado por acá, si al mirarte al espejo mirarías a tu lado y pensarías que te falta algo, que te falto. 
Siento un millón de cosas de las que me gustaría que supieras, y a la vez no. Tengo una herida tan grande que no serías capaz de entender cuánto duele y arde, pero quisiera que lo supieras, me gustaría saber que algún día de tu vida me extrañas, vivimos 2190 días juntos, y sólo espero que recuerdes uno. Que por una vez te re-plantees las cosas que hiciste, que nos hicimos. A éste punto sólo puedo pensar en que nos basamos en quién de los dos nos puede dañar más. Hay una indiferencia, y una historia inconclusa, hay algo que todavía me lastima, los recuerdos, y una historia con puntos suspensivos. 
No soy capaz de enfrentarte, por eso escribo, no soy capaz de decirte que realmente la paso mal, que no hay día en que no te cruces por la cabeza, de la ira que me haces sentir cuando te veo haciendo tu vida, quizás sean celos, pero es más decepción que eso. Por pensar que tal vez, te idealicé más de lo que en realidad eras, por ser tan benevolente y darme cuenta que no es así.
De todas formas te agradezco, en un tono hiriente y doloroso de decir, porque nuestros momentos son el sol entre miles de nubes, y es el oro para una soledad constante como la de hoy.